viernes, octubre 02, 2015

Michel Onfray y la otra historia de la filosofía

Con su Contrahistoria de la filosofía, Michel Onfray se propone un proyecto muy ambicioso. Nada menos que poner en cuestión la filosofía que se nos ha transmitido a través de la historia, marcada por la tradición del idealismo que comienza en Platón y llega hasta Kant y Hegel, y que ha silenciado otras corrientes de pensamiento, como el materialismo y el hedonismo. Su propuesta es rescatar del olvido a todos aquellos filósofos relegados por la “ideología” dominante y construir una nueva historia de la filosofía en la cual se sitúe en el centro el placer y el disfrute de la vida, que ponga su foco en el hombre y se aleje de los dioses y de mundos ideales. Porque detrás del triunfo del idealismo platónico y de toda su evolución posterior se encuentra el cristianismo y el poder de la iglesia en la sociedad europea durante tantos años.

Contrahistoria de la filosofía es una obra en varios volúmenes, de la que hasta ahora han sido publicados los tres primeros. El primero de ellos, Las sabidurías de la antigüedad, rescata a los filósofos que fueron enterrados bajo la denominación de presocráticos (aunque algunos de ellos eran contemporáneos o incluso posteriores a Sócrates) y sofistas. Aristipo de Cirene, Demócrito, Lucrecio, Epicuro. Todos ellos sufrieron la influencia de Platón y fueron condenados al silencio. En el caso de Demócrito incluso estuvo a punto de sufrir la incineración de su obra (Platón quería llevarla a cabo, pero le disuadieron de hacerlo porque ello no hubiera tenido un efecto determinante, puesto que la obra de Demócrito estaba ya en ese momento muy difundida). El que persistió, a pesar del boicot de los idealistas y, posteriormente, de los cristianos, fue Epicuro. Su filosofía demostró ser sumamente resistente, tanto que impregnó a una parte del cristianismo posterior, con lo que llegamos al segundo tomo de la obra, El cristianismo hedonista.

Onfray recoge en este segundo libro visiones cristianas no muy lejanas del espíritu de Epicuro. Cristianos que no ponían el acento tanto en la culpa y en el sufrimiento como en el goce de la vida. La idea era que, puesto que Jesús había muerto en la cruz para redimirnos del pecado, por qué no considerar éste como algo superado y disfrutar de la vida que el propio Jesús ha concedido al hombre. Dicha visión, sin embargo, no fue del agrado de la Iglesia, que reaccionó ante estas “desviaciones” con su instrumento favorito: la hoguera. Así acabaron en gran parte los Hermanos y las Hermanas del Espíritu Libre, una corriente de pensamiento que, a pesar de todo, se las arregló para pervivir oculta en Europa hasta el siglo XVI y que denunciaba la hipocresía de la Iglesia oficial. Posteriormente, durante el Renacimiento, Onfray menciona a una serie de pensadores que se proclamaban cristianos pero que sostuvieron una actitud proclive al epicureismo al considerar que algunos placeres moderados no eran contrarios a la virtud. El libro termina con una extensa parte dedicada a Montaigne, a quien Onfray considera uno de los filósofos más importantes de todos los tiempos y que encarna plenamente el ideal que enuncia el título, ese hedonismo cristiano. De Montaigne he hablado por aquí en unas cuantas ocasiones (también he recogido alguno de sus textos), destacando sobre todo el espíritu que anima sus Ensayos, ese “conocerse a sí mismo” y disfrutar de lo que poco a poco va descubriendo.

Por último, el tercer tomo, el que cierra temporalmente la obra, Los libertinos barrocos. Filosofía francesa fundamentalmente. Una serie de autores que parten de la obra de Montaigne y profundizan en sus planteamientos. Onfray dice de ellos que ninguno niega a dios (el ateismo como tal aún no existe), pero si lo apartan discretamente, haciendo buena aquella máxima de Epicuro que decía que los dioses existen, pero no se ocupan de los hombres. Dios también existe, pero no le interesan los asuntos de los hombres, es decir, de alguna forma estos autores le piden que no se inmiscuya en la vida de los hombres. A cambio nadie negará su existencia.Pierre Charron, Pierre Gassendi, Cyrano de Bergerac, Saint-Évremon, La Mothe Le Vayer son estos libertinos barrocos que han desaparecido de la historia de la literatura. El período se cierra con una de las más importantes figuras de la filosofía, Spinoza. La actitud de Spinoza ante la existencia de dios, el panteísmo (no quería que nadie le pudiera acusar de ser ateo), preludia sin embargo la llegada de la negación de dios. Para Onfray, esta época supone el final del apogeo de la creencia en dios. A partir de entonces la figura de dios irá llevando a cabo un discreto y paulatino mutis en el ámbito de la cultura europea.

jueves, octubre 01, 2015

De Modiano a grande

Patrick Modiano nació en Boulogne-Billancourt, un barrio suburbano de París, en julio de 1945, dos meses después de que la Segunda Guerra Mundial llegara a su fin. Su padre, de origen ítalo-judío había conocido a quien luego sería su madre -una actriz belga- durante la Ocupación de París, impregnando en Patrick una vida a la altura de las circunstancias. Todo esto –el judaísmo, la pérdida de la identidad, la ocupación nazi– serían luego los temas recurrentes a la hora de la escritura: la materia para intentar aplacar la obsesión que recorre su historia.

A los 20 años, y gracias a un amigo de su madre, el escritor Raymond Queneau, logra presentar sus manuscritos en la célebre editorial Gallimard. Queneau los había leído y era un manifiesto admirador del joven Modiano. De algún modo, su comienzos literarios emulan un cuento de hadas o una película de Doris Day. Sin embrago, Modiano tenía, sin duda, un talento inigualable en el modo de contar.

Esto le valió una pronta publicación. Y llegó la Trilogía de la Ocupación, con las novelas El lugar de la estrella, La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación, que obtuvo el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1972. Con 27 años, el joven Patrick empezaba el largo camino de las premiaciones. En 1978 y gracias a La calle de las tiendas oscuras, vuelven a destacarlo, esta vez con el prestigioso Premio Goncourt. Y nuevamente se zambulle dentro de las mismas resonancias que lo desvelan: un detective que pierde la memoria y se empeña en recuperarla.

El siglo XXI le traería nuevas alegrías, antes del aplaudido Nobel. En 2012 ganó el Premio del Estado Austríaco de Literatura Europea. Ya entonces, aunque en las sombras, el Nobel estaba germinando.

Pero, a su favor, hay que decir que el hombre nunca se durmió en los premios. Publicó ininterrumpidamente cerca de treinta novelas. Incluso, una salió unos días antes de que le otorgaran el Nobel: Pour que tu ne te perdes pas dans ton quartier (Para que no te pierdas en el barrio). De nuevo el tema de la infancia y con una cita de Stendhal para el inicio: “No puedo ofrecer la realidad de los hechos, tan sólo puedo presentar la sombra”.

Sus libros, en general, tienen entre 130 y 150 páginas y siempre son variaciones sobre el mismo objeto: la identidad, la memoria y el tiempo. También ha escrito literatura infantil y guiones de cine, pero su fuerte son las novelas.

En estos tiempos, donde lo instantáneo le gana la partida a lo profundo y la liquidez es el concepto que prima, parecería que el trazo de Modiano viene como anillo al dedo. No es para nada difícil de leer. Parece muy simple en cierto sentido, porque tiene un estilo muy refinado, simple, directo y claro. Abrís una página y ves que es Modiano: oraciones cortas, muy directas, sin adornos… pero es muy sofisticado dentro de esa simpleza.

martes, septiembre 29, 2015

Diarios de Anaïs Nin


Diarios de Anaïs Nin: versiones inexpurgadas

La razón por la que existen ahora dos versiones publicadas de sus diarios es debido a que mucha de la gente que Anaïs menciona en sus diarios estaba aún viva cuando el primer volumen fue publicado en los 1960, por lo que porciones considerables de los diarios tuvieron que ser censuradas. Conforme pasó el tiempo y muchos de las personas mencionadas en el diario fueron falleciendo, comenzaron a publicarse versiones "inexpurgadas" o sin censura de los diarios. Ambas versiones son interesantes porque contienen material único; las versiones "inexpurgadas" en su mayor parte ignoran el material que se cubrió en las versiones originales.

Los 4 volúmenes de los diarios inexpurgados son los siguientes:

Henry, su mujer y yo. Diario amoroso (1931-1932) (también llamado Henry y June) se recomienda como un buen comienzo para los lectores que no estén previamente familiarizados con Anaïs y su trabajo. Este libro describe la forma en que Anaïs maneja el triángulo amoroso en el que se ve envuelta con Henry Miller (autor de Trópico de Cáncer) y su esposa June.

Incesto. Diario amoroso (1932-1934) retoma la historia donde se quedó el diario anterior. Algunas personas encuentran este libro perturbador porque Anaïs describe en él un aborto en etapa avanzada de embarazo y, en opinión de algunos, idealiza una relación romántica y sexual con su padre, con el que se reencuentra (y enamora) después de 20 años de no verlo.

Fuego. Diario amoroso (1934-1937) nos describe el arribo de Anaïs a Nueva York a donde ha ido escapando de su esposo y de su amante Henry Miller, para regocijarse en el análisis del psicoanalista Otto Rank (uno de los primeros discípulos de Sigmund Freud).3

Más cerca de la luna. Diario amoroso (1937-1939) Anaïs se encuentra a mediados de la treintena, encuentra una comprensión más profunda de ella misma y de sus complejas relaciones con su esposo Hugo, con Henry Miller y con su amante sudamericano.

Al menos de los primeros tres de estos diarios, existen publicadas traducciones al castellano.

Diarios de Anaïs Nin: versiones originales

Estas son las versiones originales de los diarios que fueron publicadas. Están censuradas, y en muchos casos los nombres han sido cambiados. Como dato curioso, el esposo de Anaïs, Hugo, decide no ser incluido en los diarios, por lo que Anaïs no menciona en ningún momento su matrimonio con él.

El Diario de Anaïs Nin, volumen 1 (1931-1934). cubre los años en Francia a las afueras de París donde conoce a Henry Miller, su esposa June, publica su libro sobre D.H. Lawrence y desarrolla un profundo interés por el psicoanálisis.

El Diario de Anaïs Nin, volumen 2 (1934-1939). Aquí Nin se convierte en una escritora por derecho propio, influenciada por Otto Rank, Henry Miller, Lawrence Durrell, y D.H. Lawrence. La segunda guerra mundial ha comenzado y aparece como trasfondo dramático.

El Diario de Anaïs Nin, volumen 3 (1939-1944). Este volumen explica cómo Anaïs Nin, una autora avant-garde, establece contacto con el público norteamericano. La guerra está en pleno desarrollo y la gente que Nin conocía en París se ha dispersado. Anaïs regresa a los Estados Unidos.

El Diario de Anaïs Nin, volumen 4 (1944-1947). Este volumen es más fragmentario que los anteriores, pero contiene algunas de las observaciones más agudas de Nin sobre la vida y la literatura. Anaïs comienza a publicar sus novelas en forma comercial.

El Diario de Anaïs Nin, volumen 5 (1947-1955). Este volumen es muy fragmentario. Refleja la vida ecléctica de Nin, que incluye viajes constantes entre México, Los Ángeles, Nueva York, San Francisco y París. También lidia con la muerte de sus padres.

El Diario de Anaïs Nin, volumen 6 (1955-1966). Este volumen contiene más páginas que los anteriores, cubre un mayor número de años, y está más estructurado. Cubre hasta el año en que publica el primer volumen de sus diarios.

El Diario de Anaïs Nin, volumen 7 (1966-1974). El último volumen de los diarios, hasta antes de que las versiones inexpurgadas fueran publicadas, comenzando a finales de los 1980´s. Anaïs Nin finalmente logra el reconocimiento como escritora.

Nuevas ediciones de partes del Diario, póstumas, sin censura

Henry and June: From a Journal of Love, (1931–1932) (1986, traducción 1987)
Incest: From a Journal of Love (1992, traducción 1995)
Fire: From A Journal of Love (1995, traducción 2000)
Nearer the Moon: From A Journal of Love (1996)

Los diarios tempranos de Anaïs Nin

Hay muchos volúmenes de su diarios cuya fecha es anterior a la que corresponde a las ediciones publicadas originalmente. Estos diarios tempranos fueron publicados por primera vez en los 1980´s.

Linotte: Los diarios tempranos de Anaïs Nin (1914-1920). También llamados Diarios de infancia. Es una encantadora y entretenida visión de la vida temprana de Anaïs, desde que tenía once hasta los diecisiete años.

Los diarios tempranos de Anaïs Nin volumen 2 (1920-1923). En esta etapa de su vida, es central su creciente conflicto entre su papel como mujer y su cada vez mayor determinación de convertirse en escritora.

Los diarios tempranos de Anaïs Nin volumen 3 (1923-1927)

Los diarios tempranos de Anaïs Nin volumen 4 (1927-1931)

La escritora erótica, Anaïs Nin (1903-1977)

Cuando Anaïs Nin era una niña de once años y empezó a escribir su diario poco imaginaba que aquellos extensos cuadernos se convertirían un día en la obra que la haría famosa. Concebidos como una válvula de escape y un modo de expresar sus sentimientos, los diarios de Anaïs Nin se convirtieron en una ventana abierta a su vida y la catapultaron a la fama literaria. Además de sus diarios, Anaïs escribió literatura erótica convirtiéndose en una de las primeras en hacerlo. Nadie quería publicar sus escandalosas obras, por lo que fue ella misma, en una imprenta improvisada, quien lo hizo. Anaïs Nin se convirtió en uno de los iconos de la liberación de la mujer.


Ángela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin nació el 21 de febrero de 1903 en la ciudad francesa de Neuilly en el seno de una familia de artistas. Su padre, Joaquín Nin, era un compositor y pianista de origen cubano y español y su madre, Rosa Culmell era una cantante cubana de origen francés y danés.

Cuando Anaïs tenía once años, su padre las abandonó marcando para siempre la vida de la pequeña. Para encontrar consuelo, Anaïs le escribió una carta. Aquel texto se convirtió en la primera de las treinta y cinco mil páginas que conformarían sus famosos diarios. Anaïs, sus dos hermanos y su madre se marcharon a vivir a Nueva York donde vivió unos años junto a su familia cubana. 

A los dieciséis años, la joven dejó los estudios y tiempo después empezó a trabajar como bailaora de flamenco mientras se iniciaba en el conocimiento del psicoanálisis y seguía obsesionada con el padre ausente. 

En 1923 se casaba en La Habana con un banquero llamado Hugh Guiler. Con su nuevo y rico marido se instaló a vivir en París donde se volcó en la escritura para vencer al aburrimiento de su nueva existencia. Además de continuar con su extenso diario, Anaïs escribió un breve ensayo sobre DH Lawrence que se publicó en 1930. Poco a poco su matrimonio se fue distanciando mientras ella conocía al escritor Henry Miller con quien inició una relación así como con June, la mujer de este, que habría aceptado mantener un triángulo amoroso.

Anaïs Nin volvió a Nueva York donde decidió imprimir y publicar en la buhardilla en la que se había instalado sus propios escritos, unas historias con un carácter erótico demasiado escandaloso para los editores de aquel tiempo. El primero fue una novela que había iniciado en París y que llevaba por nombreLa casa del incesto. Precisamente por aquellos años se reencontraría con su padre con el que aseguraba en sus diarios haber mantenido una relación incestuosa. 

En los años cuarenta, obligada por la necesidad, se dedicó durante un tiempo a escribir relatos eróticos y pornográficos para un lector anónimo. Anaïs continuó publicando con su dinero los libros que imprimía ella misma, unos textos con altas cargas eróticas y que no le reportaban la fama como escritora. 

En 1955 se casaba con Ruper Pole sin antes haberse divorciado de su primer marido, quien aceptaba esta y otras relaciones de su esposa, aunque es probable que desconociera que Anaïs hubiera llegado tan lejos con Pole. Solamente anularía su segundo matrimonio tras la publicación de sus diarios, por miedo a que Hugh Guiler lo descubriera.

Fue en 1966 cuando sus propias experiencias y no las imaginadas por ella, las que le dieron la notoriedad como escritora. La publicación de sus diarios fue un éxito absoluto. Pero las confesiones personales de Anaïs eran tantas que se editaron dos versiones de los mismos. La primera, censuró los nombres de las personas con las que se había relacionado y aún vivían y a las que podría comprometer. En la segunda, fueron apareciendo las personas que habían ido muriendo, con nombre y apellidos.

Además del éxito literario, Anaïs Nin recibió otros reconocimientos públicos como un doctorado honoris causa del Philadelphia College of Art.

Anaïs Nin falleció el 14 de enero de 1977 en Los Angeles. Sus Diarios aún siguen reeditándose y consiguiendo éxitos de venta.

Alfred Pèrles y Henry Miller contra Anais Nin

Por ALEJANDRO CERNUDA



Anais Nin no bebía ni hablaba español pese a tener dos padres casi cubanos.Henry Miller se fue a París en busca de fama y fortuna cuando no era nadie y frisaba los cuarenta años. La entrada de Alfred Pèrles, quien nunca se casó, en el mundo literario se debe entre otras razones a su amistad conHenry Miller (quien lo describió como un canalla adorable), Lawrence Durrell, Antonin Artaud y esa fiebre de mujer llamada Anais Nin. La historia de un pequeño conflicto de ella contra Miller y Alfred Pèrles es poco conocida y pasajera en comparación con otros asuntos más escandalosos. No afectó la amistad que mantuvo con Miller hasta el final de su vida y no ayudó a recuperarse del odio que llegó a tenerle a Alfred Pèrles.

No puedes salvar a las personas, sólo puedes amarlas… Anais Nin

Alfred Pèrles nació en Viena (Austria) en 1897. En los años treinta del siglo pasado vivía en París y trabajaba para el Chicago Tribune. Seis años después era parte activa de la vida bohemia y alargada de la continua fiestacultural en la que se había convertido la Ciudad Luz. Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial este grupo de amigos se desunió.Henry Miller se fue a Grecia y Alfred Pèrlesvoló a Inglaterra, donde le fue concedida la ciudadanía. Pero antes de que todo esto sucediera debieron estrecharse la mano por primera vez. En 1928 se conocieron Alfred y Miller gracias a June, la esposa del segundo, June, quien conocía al primero de un viaje anterior que ella había hecho a Europa con Jean Kronski, su amiga y amante. Cuentan que Alfred Pèrles se enamoró de Jean, por la única razón que entendía: se enamoraba de todas las mujeres, pero curiosamente no le sucedía lo mismo que a quienes por lo general padecen de este síndrome. Era correspondido por casi todas. Tal vez con la dolorosa excepción deAnais Nin, quien pese a las eufemísticas cartas que le escribió o a los dos intentos de escribir un libro sobre ella, no consiguió otra cosa que una aversión creciente.


Como parte final de este conflicto, en 1955 surgió una controversia entre Anais Nin, Henry Miller, y este viejo amigo de los años en París. Alfred Pèrles dio a la luz un libro titulado Mi amigo Henry, que es quizá la mejor biografía sobre el escritor de Trópico de Cáncer y al cual el mismo Miller lo describió como escrito desde el corazón; pero Alfred Pèrles hizo revelaciones comprometedoras sobre ellos. Algo que poco más de veinte años después se sabría de manera clara gracias a la publicación de los diarios de Anais Nin. Por supuesto que el hecho está en que Alfred Pèrles habla descarnadamente de la relación entre Henry Miller y Anais Nin y ella, asustada de que dicha información llegara hasta su marido Hugh Guiler (conocido como Ian Hugo en el mundo cinematográfico), quien se enteraría que por más de diez años fue engañado por la escritora.

Cualquier forma del amor que encuentres, vívela… Anais Nin

Alfred Pèrles le envió una carta a ella en la que le menciona el detalle, pues creía que se había divorciado. La falsa información sobre este divorcio les llegó a él y a Miller de manos de Reginald Pole, padre del en ese momento amante Anais Nin y con quien después, en marzo de 1955, se casaría sin divorciarse de Hugh Guiller (Rupert tenía 28 y ella 44. Anais Nin estuvo casada con los dos hasta su muerte) La cosa fue así: Rupert se casó con Anais pensando que estaba divorciada y ella se fue de viaje con él mientras le dijo a Hugh Guiler que acompañaba a un amigo en un viaje a Las Vegas. Rupert se enteró once años después de que aún estaba casada con su primer marido. Conclusiones, al morir la destacada escritora el obituario en The Angeles Times la declara esposa de Rupert mientras The New York Times hizo lo propio con el otro. Un tiempo después Rupert declaró que no le interesaban las mujeres convencionales… Sin dudas había encontrado a una. Si en algo ayuda, gracias a él se publicaron y revisaron los diarios de Anais.

Volviendo a 1955. La escritora trató por todos los medios de eliminar su nombre del libro de Alfred Pèrles, que ya estaba en pruebas de imprenta, por ese motivo se cruzaron varias cartas que luego aparecieron en el volumen 11 de Un café en el espacio. Donde no solo se exponen las cartas, sino las consecuencias que esto tuvo en el libro.Henry Miller nunca le perdonó que ella arruinara el libro que su amigo había escrito sobre él.

PD. Luego de la muerte de la escritora sus dos esposos se encontraron y mantuvieron una cordial amistad hasta la muerte del primero de ellos. Fue Rupert Pole quien esparció las cenizas de Ian Hugo tras su muerte.

June: la belleza marchita de una musa de callejón



Fue conocida por muchos nombres: June Edith Smerth, June Smith, June Mansfield, June Miller, así como Mara, Sabina y Lillian. Sin embargo fue Mona, la única, la indivisible, la mujer que Henry Miller y Anaïs Nin devoraron en su camino a la fama



De acuerdo con el registro de naturalización de la familia, el padre de June fue Wilhelm Smerth, nacido en 1878 en Galicia, Austria. Se casó con Francis Budd, en Buckovina, que entonces era parte de Austria. Tuvieron cinco hijos: María Augusta, Herman, June, Sigmund y Edward. June nació el 28 de enero de 1902.


En 1907, cuando June tenía cinco años, la familia dejó Hamburgo en el Batavia y emigró a Estados Unidos, llegando a Ellis Island el 10 de julio. Los Smerth fijaron su residencia en Nueva York, donde el padre encontró trabajo como planchador en la industria de la confección. El nombre de la familia fue americanizado a Smith y los integrantes de la familia se convirtieron en ciudadanos estadounidenses el 23 de enero de 1923.
June, una niña precoz y original, con ambiciones de convertirse en actriz, abandonó la escuela a los 15 años para convertirse taxi dancer en un salón de baile de Broadway. Por esa época cambió el Smith por Mansfield y fue conocida generalmente por ese apellido a partir de entonces. Las razones de ese cambio no son claras, aunque se especula que fue motivado por la muerte de la escritora Katherine Mansfield, que en ese momento se había convertido en una figura de culto en Greenwich Village. June más adelante ofreció la macabra explicación de que, como Smerth significa “muerte” en polaco, Mansfield fue el equivalente más cercano en inglés a “cementerio”.

Encuentro con Miller



Mientras trabajaba como taxi dancer en Broadway, Nueva York, June conoció a Henry Miller, quien estaba casado y era empleado de la Western Unión. El impacto de ese encuentro inicial en Miller es evidente en sus escritos posteriores. Miller afirma haber visto a June contoneándose con otros hombres, mientras que por arriba de los hombros de éstos ella hablaba de Strindberg y de otros de sus escritores favoritos. Miller compró una tira de boletos y bailó con June el resto de la noche, reuniéndose en un restaurante chino, en la acera de enfrente, después de que el salón de baile cerró. A partir de esa primera reunión, Miller se sintió intrigado por la mente laberíntica de June y frustrado porque ésta evadía sus preguntas.
June se mantuvo pasiva mientras el enamoramiento de Miller crecía, hasta que éste dejó a su esposa para dedicarse por completo a la búsqueda de su nueva amada. El 1 de junio de 1924, Henry y June tomaron el tren a Hoboken, Nueva Jersey, para casarse. El día no estuvo exento de contratiempos; en un momento dado, June dudó del amor de Henry y se bajó del tren; más tarde, los amigos que iban a servir como testigos no se presentaron, por lo que fue necesario pedir a dos extranjeros que colaboraran en el requisito.
El matrimonio no se asentó tranquilamente, sobre todo por el comportamiento errático de June. Miller intentaba constantemente desentrañar las pláticas de su esposa para conocer sus verdaderos orígenes. Las historias de June siempre cambiaban y de lo único de lo que Miller estaba seguro era de que ninguna de ellas era cierta. Todo esto, aunque frustrante, inspiró al Miller escritor. June pronto lo convenció de dejar su trabajo en la Western Union para dedicarse por completo a la escritura. Ella desarrolló una variedad de esquemas para apoyarlo financieramente, desde empleos en salones de baile, pasando por la administración de un bar clandestino, hasta el patrocinio de una serie de admiradores cuya reputación Miller siempre puso en duda. La pareja se movía de un departamento a otro, acumulando deudas y siempre un paso adelante de los arrendadores.

La nueva amiga



Uno de estos admiradores adquirió protagonismo en la vida de June en octubre de 1929. Tras regresar al apartamento después de una ausencia de tres días, toda la charla de June se centró en su nueva amiga, Jean. Jean Kronski, una artista y poeta de 21 años, pronto se mudó con Henry y June. La tensión se elevó tanto que Henry se vio obligado repentinamente a competir con una mujer por el amor de su esposa. Miller más tarde escribió obsesivamente sobre este periodo en su vida, de vivir en el caos con las dos mujeres y, finalmente, ser abandonado por su esposa. Sin ninguna advertencia, June y Jean se marcharon a París en abril de 1927. June pronto escribió a Henry, pidiéndole dinero. A finales de mayo de ese mismo año se puso de manifiesto que June y Jean se habían peleado, y que Jean había huido de Francia. June finalmente regresó a Nueva York y a su vida con Miller en julio siguiente.



En 1928, June y Henry realizaron un largo viaje por Europa, con fondos obtenidos de Pop, uno de los admiradores de June. Cada semana, ella visitaba a Pop y le presentaba piezas escritas por Miller, haciéndolas pasar como suyas a fin de obtener apoyo financiero. La situación del matrimonio no mejoró después de su regreso a Nueva York, y en 1930, desesperadamente pobre y desilusionado de su poca capacidad de escribir, Miller regresó solo a París. La comunicación con June era escasa, y a las promesas incumplidas de enviar dinero a Henry le siguieron dejarlo en la estacada y que le hiciera como pudiera para sobrevivir. June hizo una breve visita a París en diciembre de 1931, durante la cual le fue presentada la nueva amiga de Henry: Anaïs Nin. Las dos mujeres se impresionaron de inmediato una a otra. Nin, al igual que Miller, estaba fascinado por la naturaleza mítica de June, como se evidencia en gran parte de su escritura ulterior. Cuando June dejó París en enero de 1932, también dejó atrás a dos escritores atormentados por su personalidad enigmática. Miller y Nin escribieron obsesivamente sobre June Mansfield en los meses siguientes, compartiendo sus percepciones de esta mujer evasiva.
June regresó a París en octubre de 1932 y estalló una lucha emocional. En ausencia de June, Nin y Miller habían estrechado mucho su amistad, y June enfrentó la pérdida de las dos personas más importantes en su vida. Las escenas posteriores fueron aterradoras; las violentas erupciones emocionales culminaron cuando June exigió el divorcio a Miller antes de abandonar París para siempre a finales de diciembre de 1932. La pareja se divorció por poderes en México en 1934.

Los últimos días



Tras su regreso a Nueva York en diciembre de 1932, los detalles de la vida de June son incompletos. A pesar de su valor emblemático en la escritura de Nin y Miller, el interés por June se desvaneció. Se sabe que se casó con Stratford Corbett, un oficial del ejército de Estados Unidos, y que se movió por todo el país con él antes de que éste la dejara. Después regresó a Nueva York, donde trabajó como asistente social en Queens. Estos años estuvieron marcados por la mala salud y la pobreza. June se reunió con Henry Miller una sola vez después de su separación en 1932; en un viaje a Nueva York en los años 60, el autor de Trópico de Cáncer visitó a su ex esposa. Miller se sorprendió con la escena que encontró; enferma y en la miseria, June era un fragmento marchito de las mujeres poderosas que dominaron la vida del escritor. June todavía vivía en Nueva York en 1969, pero ésta es la última mención de ella que se ha podido localizar.
“En 1965, Kenneth Dick, un excéntrico que escribió y publicó una biografía de Miller en una edición rara y limitada, preguntó a June en Queens sobre Henry. Él sabía que en algún momento June había sido detenida por la policía e ingresada en el Pilgrim State Hospital, sin duda una excusa para decir que la habían encerrado en un manicomio. Cuando contó a los doctores que su autor favorito era Dostoievski, ellos respondieron aplicándole un tratamiento de electroshock. Desatendida, la paciente se escurría por la mesa. Dick explica: «Le dejaron los huesos rotos, con una pierna permanentemente acortada y los músculos del corazón y de la espalda distorsionados». La obligaron a firmar una exculpación y luego la pusieron en libertad.
“Aproximadamente sobre la fecha en que Dick la entrevistó, June trabajaba como asistenta social para el Departamento de Asuntos Sociales. Le pareció que June sentía interés, curiosidad y misericordia por Henry, si no por Anaïs, y tenía un amigo. Sin embargo, estaba casi irreconocible, con «una ligera joroba, las manos nudosas y la tez pálida». La única vez que Henry Miller visitó a su ex esposa (la segunda de un total de cinco mujeres) se sintió horrorizado por el contraste con la June que él imaginaba, con la «mujer más hermosa del mundo»”. (1)

***
La información anterior se ha extraído de varias fuentes, entre ellas el diario de Anais Nin, los escritos de Henry Miller, en particular Trópico de Capricornio, y la trilogía La crucifixión rosada, así como de biografías de Miller, en especialHenry Miller: A Life de Robert Ferguson, y Siempre feliz y claro: The Life of Henry Miller por Martin Jay.
(1) Triángulos amorosos. El ménage à trois de la antigüedad a nuestros días. Barbara Foster, Michael Foster y Letha Halady. Barcelona, Ed. Paidós, 1999.

La exégesis de Philip K. Dick


Publicado por E.J. Rodríguez

¿Sueñan los escritores con dioses malvados?

“Si este mundo os parece malo, deberíais ver los demás”

Primer volumen de Exégesis, una recopilación de fragmentos de los diarios que Philip K. Dick (llamémoslePKD, como le gusta a sus fans más fieles) escribió en sus últimos años —años oscurecidos por alucinaciones y delirios— y en los que reflejó el confuso estado de su brillante mente.

1977, convención de ciencia-ficción de Metz: un expectante público asiste a la charla de uno de los autores más importantes del género. Un escritor célebre en Europa —donde por entonces era, de hecho, más respetado que en su propio país— gracias a sus relatos y novelas en que cuestiona la naturaleza de la realidad que nos rodea. En aquellas historias hay personajes que viven sin saberlo en universos paralelos artificiales, o que despiertan un buen día dentro de la mente de otros individuos, o que descubren que no son lo que creían ser. La confusión entre un engañoso entorno físico y la auténtica realidad es la gran especialidad literaria de PKD. Pero lo que los asistentes a la conferencia no podían prever es que iban a vivir una escena que parecía salida de uno de esos fantásticos relatos. El escritor, ante la atónita mirada de los espectadores y la expresión de contenida angustia de su esposa, comunica al mundo sus revelaciones:

“Sois libres de creerme o de no creerme, pero por favor aceptad mi palabra de que no estoy bromeando; esto es muy serio, un asunto muy importante (…) Ella apareció ante mí, era una completa extraña, y me informó de que algunas de mis obras de ficción son literalmente verídicas (…) Vivimos dentro de una realidad programada mediante computadoras y la única pista que tenemos es cuando alguna variable cambia [como en] el dejà vu“

Los presentes se intercambiaban miradas de estupor o risitas nerviosas. ¿Se había vuelto loco Philip K. Dick? La respuesta, como en cualquiera de sus argumentos de ficción, era más bien compleja: en parte sí y en parte no. Algunos años atrás el escritor había comenzado a sufrir alucinaciones y delirios, probablemente a causa de un dilatado historial de abuso de drogas. Philip K. Dick siempre había atravesado problemas económicos y consumió anfetaminas durante años para dormir menos, resultar más productivo y poder redactar muchas más páginas al día. El resultado de aquel abuso fue una repentina psicosis inducida por las drogas, que consistía en un elaborado retablo de visiones metafísicas y el convencimiento de estar viviendo simultáneamente en dos realidades paralelas: una como Philip K. Dick, y otra como un cristiano sometido a persecución en el Imperio Romano. El mundo real, el verdadero mundo real, se habría detenido en el siglo I d.C. y la época actual sería sólo una ilusión manejada por un ente superior con el que PKD estaba en contacto.

Como resulta fácil imaginar, la extraña conferencia dio mucho más de sí de lo que ninguno de los asistentes podría haber previsto.

Pese a defender públicamente la veracidad de sus delirios, el propio autor sospechaba estar sufriendo algún tipo de crisis esquizofrénica y para intentar racionalizar sus visiones comenzó a redactar un diario que, en esencia, era un constante ejercicio de reflexión sobre sus extrañas experiencias mentales. Manteniendo todavía la capacidad para elaborar los sorprendentes entramados metafísicos que le habían granjeado un gran prestigio en el ámbito de la ciencia-ficción, Philip K. Dick se sumergió durante sus últimos años en su Exégesis: un autoanálisis filosófico de más de ocho mil páginas manuscritas, que entremezclaba la aguda y preclara inteligencia del escritor con las contradicciones y obsesiones propias de una psicología trastornada. Aunque es poco probable que los diarios se publiquen íntegros alguna vez (demasiado extensos y demasiado desordenados), la inminente edición de una buena selección de fragmentos es una notable noticia. Algunos reducidos pasajes de Exégesis ya fueron aireados hace algunos años y por momentos resultan tan apasionantes como las más intrincadas de sus obras de ficción. Echar un vistazo al interior de la mente de Philip K. Dick es como sumergirse en uno de aquellos extraños mundos paralelos de sus retorcidas novelas Ubik u Ojo en el cielo. Dentro de muy poco, cuando se publique esta apmplia selección de textos inéditos, sabremos qué más extraños secretos encerraban aquellos diarios.

Los estigmas de Philip K. Dick: delirios y creencias de un talento trastornado


— Su hermana gemela murió al poco de nacer y el escritor pasó su vida obsesionado con su recuerdo y la imagen de cómo sería ella de haber seguido viva. La imaginaba como una chica de cabello largo y oscuro; aparecía en algunos de sus relatos como una figura angelical que hacía revelaciones trascendentales a los protagonistas. En la conferencia de Metz, el escritor afirmó que una figura similar fue la que le comunicó que vivimos dentro de un mundo artificial creado por ordenador.

— Durante su adolescencia sufrió sueños recurrentes acerca de un libro que le revelaría todos los secretos del universo. En cada sueño estaba más y más cerca del libro, pero nunca lo llegó a alcanzar (para alivio suyo: creía que si conseguía finalmente leerlo le haría perder la razón). El libro se llamaba El imperio nunca terminó, título que muchos años después se reflejó en su creencia de que el Imperio Romano, en el verdadero mundo real, nunca había dejado de existir, y que el “mundo actual” que contemplamos es sólo un decorado digital que camufla el auténtico aspecto de la realidad.

— En los años 50 sus allegados le tomaban por paranoico cuando insistía en que era objeto de persecución policial. Finalmente descubrió que efectivamente el FBI le vigilaba a causa de sus ideas izquierdistas, lo cual sólo agudizó su sensación de que posteriores paranoias tenían una base real.

— Sus episodios psicóticos se desencadenaron tras la administración de una anestesia dental: Philip K. Dick vio que una enfermera llevaba un colgante en forma de Ichthys (el símbolo del pez cristiano) que el escritor percibió rodeado de un halo sobrenatural e interpretó inmediatamente como una señal divina. Después aseguró ser capaz de experimentar episodios su antigua vida como cristiano primitivo, visualizando escenas completas de la época romana.

— Estaba convencido de que su novela Que fluyan mis lágrimas, dijo el policía era una nueva versión, inspirada por poderes sobrenaturales, de los Hechos de los Apóstoles de la Biblia, pese a que jamás los había leído.

— Pensaba que la realidad virtual en que vivimos era gobernada desde la órbita terrestre por una especie de satélite alienígena. En la confusión metafísica y religiosa de sus últimos años se consideraba creyente, pero tenía la concepción demiúrgica de que un dios imperfecto (una especie de extraño ente llamado V.A.L.I.S.) regía el mundo según su nada bondadoso capricho.


Ridley Scott, director de Blade Runner, posando junto a Philip K. Dick mientras se preparaba la película. El escritor fallecería repentinamente poco después sin poder ver estrenada la primera adaptación de sus novelas al cine.

Philip K. Dick y el cine

Hubo un antes y un después de Blade runner. La película de Ridley Scott convirtió a Philip K. Dick en uno de los referentes culturales básicos de la nueva era cibernética, cuando la aventura espacial de los viejos reyes de la ciencia-ficción fue repentinamente relegada a la obsolescencia por el existencialismo visionario de PKD, que en los 50, 60 y 70 había parecido demasiado anómalo, demasiado irrealista, demasiado extravagante. Pese a que la película distorsionaba bastante el espíritu de la novela original, sí mostraba al mundo que la ficción de Philip K. Dick estaba más en consonancia con los nuevos tiempos que la de otros escritores importantes en el género. El autor gozó de una repentina tanto como inesperada fama mundial. Desgraciadamente no llegó a disfrutarlo por muy poco: murió repentinamente a los 53 años, sólo unos meses antes del estreno de la película y de su consiguiente transformación en mito literario.

Blade runner fue sólo el inicio de una larga relación de amor —e incomprensión— entre el cine y la obra dePhilip K. Dick. Desde entonces sus argumentos se han llevado varias veces a la pantalla, pero generalmente han sido penosamente simplificados y reducidos a meras películas de acción. Desafío total, por ejemplo, era una versión embrutecida —a mayor gloria del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger— del relatoUsted lo recordará perfectamente. Incluso Minority report estaba innecesariamente pasada por el tamiz moralista de Spielberg. Probablemente haya sido A scanner darkly la versión en celuloide que más ha intentado respetar la esencia del escritor.


El hombre en el castillo, novela sobre un mundo dominado por los nazis que Ridley Scott adaptará a la pantalla.

Pero no sólo las adaptaciones oficiales son un reflejo de la enorme influencia de sus libros sobre la ficción cinematográfica. La trilogía Matrix, aunque de modo bastante simplista e infantil, volvió a poner de moda ideas que Philip K. Dick ya había desarrollado décadas atrás en sus libros. Lo mismo sucede con Dark city, eXistenZ o Nivel 13, también refritos no reconocidos del universo “dickiano”. Pero esa influencia se extiende aún más, y retazos de su ciencia-ficción salpican numerosos films como Terminator, Inception o incluso El show de Truman y El extraño caso de Benjamin Button, todos ellos inspirados de manera más o menos evidente en la literatura de PKD.

Actualmente hay nuevas adaptaciones cinematográficas en proyecto, pero la más intrigante es el retorno de Ridley Scott a la obra de Philip K. Dick. El cineasta planea adaptar la novela El hombre en el castillo al formato televisivo, lo cual desde luego despierta bastantes expectativas. La historia, ambientada en un mundo en el que Hitler y los japoneses han ganado la Segunda Guerra Mundial, podría resultar espectacular en manos de Scott, sólo con que se sienta la mitad de inspirado con la adaptación de esta novela de lo que ya estuvo con la famosa adaptación de Sueñan los androides con ovejas eléctricas. Esperaremos.

—Algunas novelas recomendadas de Philp K. Dick: El hombre en el castillo, Ojo en el cielo, Ubik, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Los tres estigmas de Palmer Eldritch, V.A.L.I.S.

—Algunos relatos cortos: Usted lo recordará perfectamente, Las pre-personas, Su cita será ayer, El informe de la minoría, La segunda variedad, La fe de nuestros padres.

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